sábado, 2 de febrero de 2008

Queen



Muchos recuerdos se agolpan en mi cabeza; me desespero porque tengo miedo de olvidar detalles, de olvidar recuerdos, de olvidar su rostro, su voz, su manera de caminar, su forma de reír, el calor que sentía cuando me tomaba de la mano al ir caminando, generalmente por la rambla de Sabadell o por el Parc Catalunya; tengo miedo de no recordar cuando nos escapábamos a los bosques y lo contemplaba haciendo Yoga y me invitaba a hacer Pranayama (no piensen mal, búsquenlo en la “wikipedia”).
Tengo miedo de muchas cosas, pero sobre todo tengo miedo a que la tristeza me invada por su ausencia, entonces voy corriendo a echar un vistazo a mis álbumes de fotos, me pongo la música de Queen que tanto le gustaba, y comienzo a recordar lo que tanto terror me da olvidar.

Uno de tantos días, fui a un supermercado a comprar algunas cosas, siempre me doy una vuelta por la sección de libros, discos y dvd’s porque son nuestra gran pasión; entonces vi que había muchas rebajas en cd’s y lo mas fantástico fue que encontré un montón de producciones de Queen que Abel no tenía, sin pensarlo dos veces se los compré todos y de regreso a casa iba sonriendo sola al imaginarme la cara de asombro de Abel.
Y no fue menos, cuando llegué a casa le dije que le tenía una gran sorpresa, y le entregué la bolsa con la música; no cabía de asombro y alegría; en ese justo momento me pareció como un niño con juguete nuevo, los acariciaba, los contemplaba, sin ni siquiera darse cuenta que les tenía que quitar el papel celofán y escucharlos; leía y releía los títulos de las canciones y me hacía comentarios acerca de la historia de aquellas canciones un tanto desconocidas para mí en ese entonces.
Comenzó a desenvolverlos un tanto nervioso y tuvo claro cuál quería escuchar primero; lo puso en la mini cadena y nos sentamos en nuestro sofá lila a escucharlo; escuchaba una canción determinada y lo cambiaba para seguir escuchando otro cd; aquel día ni siquiera encendimos la tele para ver “Los hombre de Paco”, nos quedamos escuchando hasta tarde toda su nueva música.
Al día siguiente les buscó sitio especial en su mueble de discos, los colocó por orden alfabético, los contemplaba, los cambiaba y los colocaba cronológicamente, volvía a clavar su mirada en la estantería y los volvía a cambiar; estuvo un buen rato escuchando nuevamente y leyendo las letras, los años de producción y la historia de las canciones.
Me platicaba detalles y yo notaba como se apasionaba por lo que iba explicando; inclusive buscaba información en internet para que yo la leyera, y así me fui aficionando a este grupo británico.

Un día mi hermano vino a comer a casa y Abel fue a su estudio y regresó con los brazos llenos contra su pecho y con una satisfacción y orgullo por su gran colección, traía todos sus cd’s de Queen, le hacía mucha ilusión enseñárselos; yo lo miraba con una sonrisa en los labios porque lo veía muy emocionado explicando cosas acerca de las canciones, de los títulos, de las fotos, de la época en que fueron grabados, anécdotas, la moda en ese entonces, de la situación sentimental de Freddy y del sentido de las letras; de lo que él había tardado en encontrar una u otra producción, de los que tenía repetidos; lo vi gozando verdaderamente una pasión desbordante por esta música.

Cuando nos conocimos, intercambiábamos opiniones acerca de las técnicas de respiración, dependiendo si eran para hacer Yoga o para cantar (que básicamente son similares); dábamos largos paseos, generalmente por zonas naturales y nos enseñábamos mutuamente la técnica que utilizábamos para respirar.
Un día me dijo que en Octubre se casaba un primo muy querido para él: Daniel, y que quería cantarle una canción, pero quería prepararla muy bien (siempre exigiéndose su mejor esfuerzo); así que la estudiaba concienzudamente, se encerraba en el baño de su casa (porque los baños tienen rever) y se grababa para después escucharse y realizar una crítica constructiva y corregir errores.
Me pidió que le diera mi opinión mas profesional y que le dijera con toda la sinceridad del mundo si cantaba bien, si estaba afinado y detalles que tienen que ver con mi profesión, y, si era necesario, lo ayudara a preparar la canción.
Cuando me hizo esta petición, pensé dentro de mí: .
La primera vez que lo escuché cantar, tuve una gratísima impresión, y además tuve un respiro de alivio; tenía una voz muy potente, le salía del pecho con mucha claridad, como si todo su cuerpo cantara, desde la punta de los pies hasta la cabellera; pero al mismo tiempo era como escuchar ángeles, por la ternura y la serenidad con que cantaba. Como era muy tímido; durante los minutos que duró la canción no dejó de sudar y las orejas se le ruborizaron; pero cantó con todo el amor que tenía en su corazón, no podía ser menos.

Excuso decir que había detalles que perfeccionar, pero el hecho fue que no fue necesario desmoralizarlo.
La canción que escogió fue la que mas le gustaba de Queen: “Love of my life” con acompañamiento de guitarra, el cual se lo grabó mi hermano en un cassette ( hace nueve años todavía se usaban este tipo de grabaciones) y así comenzó a estudiar la canción con ahínco.
Cada día le salía mas hermosa; seguía encerrándose en el baño y continuaba grabándose para que yo lo escuchara y corrigiéramos mas detalles; fue una experiencia preciosa e imborrable.
Llegó el día de la boda y todos los invitados quedaron asombrados de la valentía que tuvo al salir al escenario y cantarle a su primo, quien emocionado se acercó a él, lo abrazó y cantaba con él.
Desde la primera vez que escuché esa canción en voz de Freddy y de Abel es mi canción preferida; la que me ha llegado al fondo del corazón, ya no solamente por la letra sino por lo que llegó a emocionar a Abel y sobre todo porque era una fuente de inspiración para él.
Ahora busco entre todos sus cassettes alguna grabación del baño de casa de sus padres para retener su voz en mi memoria, porque eternamente permanecerá en mi corazón.
La música de este grupo ha marcado momentos de la vida de Abel; hasta tal grado que se compraba también los conciertos en dvd y los veía una y mil veces; encontraba detalles que tal vez para otro tipo de personas pasaban desapercibidos, inclusive para mí, en cuanto a la voz se refería, porque me comentaba algunos detalles que él encontraba cuando escuchaba a Freddy que yo era incapaz de encontrar; tenía una sensibilidad especial para la música; había algunas producciones donde les hacían entrevistas, las cuales carecían de subtítulos y que no contenían tampoco traducción en español, pero eso a él no le importaba, supongo que cuando escuchas con el corazón, no hace falta traducción alguna.

Ahora cuando quiero que Abel este contento, le pongo música de Queen muy cerca para que pueda oírla; no hace falta subir el volumen, ya que ahora él es capaz de escuchar hasta los pensamientos y los susurros.

1 comentario:

jose luis dijo...

Carmen, acabo de leer este texto y estoy muy emocionado.
Muchas gracias!
Las flores de su campo eran alhelíes, como el sofá de vuestro hogar.
Un abrazo...