martes, 18 de noviembre de 2008

"La quietud y el silencio"

Los dos días de este fin de semana, por varias razones estuve muchas horas fuera de mi casa.
Al llegar por la noche del Domingo, me invadió una rara, pero a la vez placentera sensación: estaba en casa, en mi mundo, tranquila, segura... en paz...
A pesar de llegar y escuchar el absoluto silencio de mi soledad no me sentí sola.
En uno de sus e-mails (aquellos que me escribía cuando estuve en México por lo de mi papá), Abel me hablaba de la diferencia entre la soledad y sentirse solo, sobre la quietud y el silencio; he aquí un extracto de sus letras:
“La quietud y el silencio”.

No hay liberación si se busca un resultado.
El amor existe por sí mismo, es un resultado del ser; y en ese estado el “yo” con sus identificaciones, ansiedades y posesiones está ausente.

Creatividad = libertad

Lonely = solitario, sentirse solo.
Alone = estar solo, libre independiente.

Loneliness (aislamiento) no es igual a Aloneless (soledad creativa).

La soledad es la conciencia del “yo” sin actividad.

Yo mismo soy la soledad, entonces ¿por qué temerme a mí mismo? ¿por qué huirme?.
Cuando la mente se de cuenta que ella es la creadora y experimentadora del Dolor éste llegará a su fin.

“De nada sirve el conocimiento sin sabiduría y no hay sabiduría sin espiritualidad” (proverbio chino).
Mientras mas recuerdos tengo, mas me impresiono de la forma en que Abel discernía sobre la vida, pero mas me impacta la manera en que me estaba preparando para afrontar mi situación sin ni siquiera saberlo ni él mismo.
Cada día estoy mas segura que somos unas piezas de un ajedrez inteligente en el cual las fichas se mueven por alguna razón y que tenemos nuestro trabajo en la vida; para aprender, para mejorar, para ser felices, para sufrir, para llorar, para perder seres amados y para ganar otros...
Me pongo a pensar qué es lo que he ganado con la súbita partida de Abel; he ganado mucho, algo incalculable; sólo que el precio ha sido demasiado alto.
El Domingo al llegar a mi casa, la paz que sentía tenía nombre: se llama Abel.
La energía de Abel me hace fuerte, valiente, sensible y al mismo tiempo me hace capaz de llorar a mares cuando lo necesito para después retomar aire limpio y seguir el camino.
Cuando sufro una crisis, de aquellas que nuevamente siento como mi pecho se rompe en millones de fragmentos, cuando el llanto sale desde las entrañas y cuando la impotencia se apodera de mis pensamientos y el dolor de mi cuerpo, después, cuando termina, toda yo me encuentro mas liviana...mas... como transparente.
Es entonces cuando pienso que todo esto está pasando en intervalos mas largos; siento que el optimismo regresa a mí y que puedo sentir a Abel muy dentro de mí para salir nuevamente adelante y aprender de lo sucedido.
Suelo ser muy necia, muy testaruda, muy rebelde, pero espero que con estas experiencias regaladas por Abel mi espíritu se apacigüe y sea un ser humano sereno y sabio; quiero serlo... o como me diría Abel "cada minuto de mi vida estoy siendo mas sereno, mas sabio"... "dar por hecho y se os dará" -me decía también (le gustaba mucho citar a nuestro gran Maestro Jesús).
En fin, que aquí tienen otro fragmento de mi vida con Abel; como siempre lo comparto con todos vosotros, porque quiero que lo que Abel nos enseñó en vida a todos los que tuvimos la gran dicha de conocerlo lo gritemos a los cuatro viento para darlo a los demás como el gran regalo de él.
Yo, mientras tanto, seguiré buscando, seguiré preguntando, seguiré cuestionando, seguiré recordando que en mi vida alguien sembró la semilla del Amor.